Por: Davo Valdés de la Campa

Eduardo Casillas es un artista autodidacta que desde hace más de 20 años reside en Cuernavaca, Morelos. Lo primero que destaca en su obra (ya sea en sus pinturas, sus grabados o su trabajo en la gráfica digital) es el gesto de los personajes que la habitan. Hablo de un gesto imposible porque es un gesto del tiempo. Pienso que si alguien hiciera una historia de los gestos se daría cuenta de que algunos han desaparecido o se han especializado tanto que parece que la locura, la maldad, el éxtasis, el dolor profundo, la experiencia mística, la neurosis, por nombrar algunos, ya no habitan nuestros rostros porque hemos reducido el lenguaje del cuerpo a una serie de padecimientos, cuando en la antigüedad se vinculaban con genios o espíritus. Eduardo Casillas logra a través de una técnica asombrosa que esos gestos aparezcan. Ya sea en un retrato de su madre, convaleciente y próxima a la muerta o en un retrato de Ptolomeo I, con su expresión de depravación, como un bebé satisfecho o a través de un autorretrato con plastas de furia contenida y sensibilidad.

Casillas nació en la ciudad de México, pero ha desarrollado su obra en Cuernavaca. Se trata además de uno de los artistas de la ciudad que mayor exposición han tenido al exterior. Hasta la fecha cuenta con una decena de exposiciones individuales y ha participado en más de 50 colectivas en diversas partes del mundo y en varias de las galerías más importantes del país, además de compartir espacio con artistas de renombre internacional. Lugares como el Museo Diego Rivera-Anahualcalli, Galería de la Secretaría de Economía en la ciudad de México y museos en los estados de Morelos, Guerrero, Puebla, Aguascalientes, Oaxaca, Veracruz, Jalisco, Michoacán y Querétaro. También ha sido seleccionado en numerosas bienales y concursos nacionales e internacionales. Su obra se ha expuesto en Estados Unidos, Canadá, Argentina, España, Nicaragua, Francia, Rusia, Serbia, Lituania, Egipto, Australia, Hong Kong y Pakistán, por nombrar algunos. Eduardo Casillas ha destacado tanto el grabado como en la pintura.

Su obra pictórica se distingue por la aglutinación de pigmentos, por la concentración de plastas en la creación de retratos humanos. Según el mismo artista: “a través de la aglutinación de pigmentos y su posterior aplicación sobre distintos soportes para fijar en el tiempo el gesto de nuestra mano y el movimiento de nuestra conciencia, un registro de nuestro efímero tránsito por el mundo más allá de una huella genética”. Casillas trabaja particularmente con óleo, a partir de recetas tradicionales. Recetas que aprovechan diversas texturas y propiedades que abonan a la noción de tiempo en su obra. Son piezas que apelan a la alquimia de la antigüedad, a la permanencia de la obra, aunque su obra retrate la imperfección de la carne, la morfología deforme de los hombres, los rasgos animales de los rostros.

Como artista mexicano, Casillas también ha promovido diversas muestras y proyectos en torno al grabado. Por ejemplo, fue organizador de las Muestras itinerantes nacionales “Grabado Grabado” en 2012 y 2013 y “Reflexus II” en 2017. Durante 2016 se desempeñó como instructor del Taller de Grabado en el Museo de Arte Indígena Contemporáneo en Cuernavaca, ofreciendo la enseñanza de Grabado No Tóxico en Metal por Primera vez en Morelos. Durante 2017. Gracias a su labor y su técnica en el grabado expuso en la Galería Experimental Liliput la muestra “SUPERFICIES II” en Puebla.

El grabado es la piedra angular de la obra de Casillas. Se especializa en técnicas como punta seca, aguafuerte, aguatinta y la xilografía, además de técnicas alternativas como el grabado electrolítico. Como grabador Casillas ahonda en oposiciones binarias. En sus propias palabras: “positivo-negativo, masculino-femenino, luz-oscuridad, figuración-abstracción, tradición-vanguardia, cuerpo-espíritu, vida-muerte; son pares de opuestos en eterna tensión que la mente humana usa tanto al interiorizar su entorno como al proyectar contenidos dando sentido y significado al universo que le rodea. (Trabajo) a partir de estos principios e inquietudes personales”.

La gráfica digital también ha sido parte importante del trabajo de Casillas. Si de por sí el grabado tiene la particularidad de poder reproducirse en serie, el grabado digital expande el alcance de su propia obra. Sobre esta característica Casillas reflexiona: (se trata de) “una imagen que no cuenta con sustancia en sí misma, como aquella contenida en la mente, capaz de poblar infinidad de pantallas, ser transportada en haces de luz e incluso con el poder de poseer a la materia y transmutarse en objeto al multiplicarse en impresiones sobre una cantidad enorme de materiales posibles; estas son algunas de las cualidades que yo veo en el medio digital, repudiado aún por muchos.”

En ese sentido Casillas aprovecha para su propia praxis la tensión entre cosas aparentemente opuestas. En este caso la tradición y los avances tecnológicos. “A pesar de considerarme un artista que aprecia la tradición, veo en el medio digital, un medio invaluable que no puedo dejar pasar, ya que lo considero como una poderosa herramienta, no entiendo como aquellos que condenan su uso, pretenden tener la autoridad moral para apreciar o cultivar cualquier otro tipo de arte que se valga de herramientas ajenas a nuestra desnudez, después de todo, está probado que desde el Renacimiento, y quizás desde antes, los artistas han empleado dispositivos ópticos para resolver composiciones: el uso de velas, espejos, lentes y “cámaras obscuras” fueron parte del proceso en la producción de las pinturas de los célebres artistas de tiempos pasados, lo cual, no demerita en lo absoluto sus creaciones como tampoco el simple uso de esas o cualquier otro tipo de herramienta le otorga valor artístico a algo. ¿Que sería del arte sin el uso de herramientas? El arte siempre ha estado ligado a los avances tecnológicos de cada época, adapta la tecnología existente para crear técnicas que a su vez, motivarán nuevas tecnologías. el restarle validez al arte que incorpora medios digitales o nuevas tecnologías per se, aunque respetable, equivale a pretender encumbrar una falsa virtud sobre un pedestal hecho a base de falta de reflexión, ignorancia, pereza o envidia, algo bastante similar a considerar obsoletas las formas de creación tradicionales.” Destaca en su trabajo de gráfica digital la serie que realizó para el libro de la escritora Ana Martínez Casas, Flores inmundas (Lengua de Diablo), que está inspirada en los tétricos y perturbadores cuentos de la narradora mexicana.

Eduardo Casillas es un artista de polaridades, es un artista que explora y lleva la perfección de la técnica al terreno de las ideas. Cada serie está pensada en su propia reflexión o en una profunda experiencia personal, pero no en el terreno de la superficie, es decir, su obra profundiza en emociones, a través de lo corpóreo, de materiales atemporales, es un artista que perfora los soportes para rastrear el hálito místico de los gestos humanos y ante una de sus obras es imposible no sentir arrobo, terror, angustia, veneración por el tiempo y por los trazos que conjugan delimitación y caos.

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Gráfica digital de Eduardo Casillas
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